La primera vez que entendí “de verdad” a un perro no fue en un curso, sino en un parque, con una correa enredada en mi muñeca y un labrador joven mirándome como si yo fuera el raro. No ladraba, no gruñía… y aun así estaba diciendo mucho. Ese día me prometí entrenar menos “a lo humano” y escuchar más “a lo perro”. En este artículo voy a desmenuzar, con calma y sin misterio, los cuatro canales principales de la comunicación canina: comunicación vocal, comunicación visual (lenguaje corporal), comunicación olfativa y comunicación táctil. Y sí: también voy a contarte mis metidas de pata, porque ahí es donde más se aprende.
1) Mi brújula: antes de “corregir”, observo
Cuando trabajo comunicación canina, mi primera regla es simple: antes de corregir, observo. El lenguaje canino no es una lista de gestos sueltos (“si hace X, significa Y”). Es un sistema completo donde se mezclan comunicación visual, auditiva, olfativa y táctil. Un bostezo puede ser sueño… o una señal de calma. Un gruñido puede ser “aléjate” o “me duele”. Si me quedo solo con un gesto, me equivoco.
El contexto manda (y me cambió la forma de entrenar)
La idea que más me transformó fue esta: el contexto manda. Yo miro dónde está el perro, a qué distancia está del estímulo, si va con correa tensa, quién está presente, qué ruidos hay, si hay comida, si el espacio es estrecho. Los perros usan principalmente comunicación visual, olfativa y auditiva para interactuar con su entorno; por eso, un mismo perro puede “portarse perfecto” en el parque y explotar en un pasillo.
Mi lectura rápida en 10 segundos (ojos, cola, boca, ritmo)
Antes de pedir un “siéntate” o de decir “no”, hago una lectura rápida. En 10 segundos me enfoco en cuatro cosas:
- Ojos: ¿mirada blanda o mirada fija? ¿parpadea? ¿evita contacto? Sostener la mirada prolongada (yo o el otro perro) genera tensión y puede desencadenar conflictos.
- Cola: no solo si está alta o baja; miro velocidad y rigidez. En señales tensión perros puede verse rápida y dura, o inmóvil como un palo.
- Boca: ¿comisuras sueltas? ¿jadeo fuera de contexto? ¿lamido de trufa? El lamido y el bostezo suelen ser señales de calma.
- Ritmo de movimiento: ¿se mueve lento, olisquea el suelo, hace curvas? Eso suele bajar tensión. ¿va directo, rígido, acelerado? Sube el riesgo.
Emoción vs conducta: no confundo “obediencia” con bienestar
Un perro puede estar nervioso y aun así sentarse. La conducta (sentarse) no siempre refleja la emoción (miedo, incomodidad). Si yo solo “corrijo” la conducta, puedo apagar señales útiles y dejar al perro sin opciones, aumentando la tensión.
Mini-anécdota: el perro “dominante” que solo estaba incómodo
Recuerdo un perro etiquetado como “dominante” porque se quedaba tieso y gruñía cuando otro se acercaba. Al observar, vi orejas erguidas, pelo erizado, mirada fija y una cola rígida: claras señales tensión perros. No quería “mandar”; estaba incómodo, atado con correa corta y sin espacio. Ajusté distancia, aflojé la correa, pedí a la familia que evitara mirarlo fijo y reforcé giros y olisqueo. El gruñido bajó porque el perro por fin pudo comunicar sin pelear.
Qué busco primero para evitar conflictos: señales de calma vs señales de tensión
Turid Rugaas: “Las señales de calma son el idioma silencioso con el que los perros evitan el conflicto.”
Primero busco señales de calma: bostezos, lamidos de trufa, olisqueo del suelo, movimientos lentos, giros en curva. Si, en cambio, aparecen señales de tensión (mirada fija, rigidez, orejas muy adelante, pelo erizado), yo ajusto: más distancia, menos presión, y una comunicación visual humana más suave (cuerpo de lado, mirada breve, voz tranquila).
2) Comunicación Vocal: lo que dicen los sonidos (y lo que no)
La comunicación vocal perros es una de sus vías más visibles (junto con la visual y la olfativa), pero también una de las más malinterpretadas. Como entrenador, siempre repito lo mismo: un sonido no “significa” algo fijo. Cambia por contexto, distancia, historia del perro y, sobre todo, por lo que hace su cuerpo mientras vocaliza. La comunicación voz es información, no un veredicto.
Tipos de ladridos: no todos piden lo mismo
- Alarma: suele ser más grave y repetido. Ejemplo: timbre o ruido en el pasillo. Aquí el perro dice “hay algo”.
- Excitación: rápido, agudo, con saltos o cola muy activa. Ejemplo: tu llegada a casa.
- Demanda: “ladrido- pausa- ladrido” mirando a la persona. Ejemplo: quiere pelota o comida.
- Frustración: aparece cuando no puede acceder a algo (correa tensa, ventana, valla). Suele ir con tensión corporal.
- “Llamada” social: ladridos más espaciados, como buscando respuesta. A veces ocurre si se queda solo o escucha perros lejos.
En casa, en vez de “¡cállate!”, yo trabajo silencio funcional: premio cuando el perro mira, respira y se calma. No busco “callar por miedo”, sino enseñar una alternativa.
Aullidos: herencia de grupo y eco emocional
El aullido tiene mucho de “llamada” a distancia. Puede aparecer por soledad, por respuesta a sonidos (sirenas, música) o por contagio si otros perros vocalizan. No siempre es ansiedad; por eso observo si hay jadeo, destrucción o inquietud. Si solo aúlla con sirenas y luego sigue tranquilo, suele ser una respuesta sonora, no un problema.
Gruñidos: límites, incomodidad y juego (y por qué NO los castigo)
El gruñido es una señal valiosa: “no me gusta esto” o “necesito espacio”. También existe el gruñido de juego, con cuerpo suelto y movimientos exagerados. Yo no castigo un gruñido sin analizar, porque puedo quitar el aviso y dejar solo la mordida. Prefiero preguntar: ¿qué lo incomodó? ¿mano sobre la cabeza? ¿otro perro encima? ¿un niño mirándolo fijo?
Gemidos: estrés, dolor o atención (lo confirmo con el cuerpo)
Un gemido puede ser estrés (orejas atrás, lamidos de nariz, evitación), dolor (rigidez, cojera, no quiere sentarse) o búsqueda de atención (te mira, insiste, se activa). La clave es unir sonido + postura. Si sospecho dolor, derivo a veterinario.
El papel del tono voz: mi truco para bajar revoluciones
Patricia McConnell: “El tono de nuestra voz es una correa invisible: puede guiar o puede tirar.”
En comunicación humana perros, evito miradas fijas, uso tono suave y postura no amenazante. Mi “truco” es hablar más lento y más bajo cuando el perro sube de intensidad, y reforzar cualquier micro-señal de calma (mirar al suelo, sentarse, soltar tensión). No apago al perro: lo ayudo a regularse.
Wild card: el día que mi voz empeoró una situación
Una vez, ante un ladrido al vecino en el rellano, subí mi volumen para “cortar” la conducta. Resultado: el perro ladró más fuerte y se tensó. Mi voz se convirtió en gasolina. Lo corregí así: me alejé medio metro, giré el cuerpo de lado, bajé el tono voz, pedí una conducta simple (“mírame”) y premié. El ladrido bajó porque bajó la presión.
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3) Lenguaje Corporal Canino (Comunicación Visual): el subtítulo que tus ojos se pierden
Cuando trabajo como entrenador, veo lo mismo una y otra vez: la gente escucha ladridos, pero no “lee” el lenguaje corporal canino. Y, sin embargo, la comunicación visual suele avisar antes que cualquier sonido. Como dijo Roger Abrantes:
“El lenguaje corporal del perro es claro; lo difícil es que el humano aprenda a mirarlo sin prejuicios.”
Posturas generales: cuerpo suelto vs. rígido
En lenguaje corporal perros, la base es el tono del cuerpo. Un perro suelto (músculos blandos, movimientos fluidos) suele estar cómodo. Un perro rígido (peso hacia delante, cuello duro, quietud “congelada”) me habla de señales tensión perros.
En escenas cotidianas lo veo claro: en el ascensor o en el portal, si un perro se sienta o se tumba, muchas veces está diciendo “no vengo a guerra”, calma y ausencia de amenaza. No siempre es obediencia; a veces es una estrategia social para bajar el conflicto.
También observo el saludo: acercarse en curva es educación canina. Ir en línea recta, directo a la cara, puede sentirse invasivo.
Posturas cola: “mueve la cola” no siempre es alegría
Las posturas cola son un termómetro, pero hay que mirar altura, velocidad y rigidez:
- Cola baja: inseguridad, prudencia o intento de apaciguar.
- Cola rápida: puede ser emoción, pero también nervios; si el cuerpo está rígido, no lo interpreto como “feliz”.
- Cola inmóvil (o movimientos cortos y duros): alerta; en parque, para mí es señal de “ojo, algo no me cuadra”.
Orejas en tensión: el detalle que cambia la lectura
Las orejas son subtítulos finos. En paseos, si veo orejas tensión (erguidas, adelantadas, duras) junto a cuerpo fijo, sube la probabilidad de conflicto. Si van hacia atrás, puede ser miedo, incomodidad o intento de calmar. No miro una sola señal: miro el “conjunto”.
Ojos: mirada fija, parpadeo y “ojo de ballena”
La mirada fija sostenida, sin parpadeo, es una de las señales que más respeto. En un cruce estrecho, si aparece, yo aumento distancia y respiro: aflojo correa, giro el cuerpo en diagonal y doy salida.
El parpadeo y la mirada suave suelen acompañar calma. El ojo de ballena (se ve mucho blanco del ojo) me indica estrés: el perro quiere controlar algo sin acercarse.
Boca y lengua: señales de calma y apaciguamiento
La boca relajada (comisuras sueltas) no dice lo mismo que comisuras tensas. Entre las señales de calma más comunes están:
- Bostezos perros fuera de contexto (no es sueño, es regulación).
- Relamerse la trufa: no siempre es hambre; muchas veces es apaciguamiento o estrés.
- Olisquear el suelo y moverse lento: “bajo revoluciones”.
Pelo erizado: mi “termómetro” de activación
El pelo erizado no significa “agresivo” por sí solo: significa activación alta. Si aparece en el parque, reduzco estímulos: me alejo, busco un ángulo en curva, pido una conducta fácil (mirarme, olfatear) y premio la calma. Así el perro vuelve a un estado donde puede comunicarse sin explotar.
4) Señales de Calma (h2): mi lista ‘anti-lío’ para el día a día
Cuando hablo de señales de calma, no me refiero a “manías” ni a gestos sin sentido. Son estrategias sociales para evitar conflictos antes de que aparezcan el ladrido, el gruñido o el tirón de correa. En consulta lo veo a diario: el perro intenta decir “no quiero lío” y nosotros, sin querer, le pedimos justo lo contrario (más cerca, más rápido, más contacto).
“La distancia es una herramienta de entrenamiento tan potente como cualquier premio.” — Karen Overall
Señales de apaciguamiento: el “soy educado” del perro
Las señales apaciguamiento suelen ser pequeñas y rápidas. Si las detectas, puedes actuar antes de que la emoción suba.
- Girar la cabeza: si ves esto, haz esto: deja de avanzar y afloja la correa.
- Parpadear lento o “ojos blandos”: baja tu energía, habla menos y respira.
- Lamerse la trufa (lamidos de trufa): reduce presión (menos caricias, menos “siéntate ya”).
- Bostezos: no siempre es sueño; muchas veces es regulación. Pausa y crea espacio.
Conductas de desplazamiento: cuando “me hago el loco” para calmarme
Las conductas desplazamiento aparecen cuando el perro está en conflicto: quiere acercarse, pero también le preocupa. Son oro para prevenir problemas.
- Olisquear el suelo: si lo hace, permite olfatear y no tires de la correa. El olfato baja tensión.
- Rascarse sin motivo claro: detén la interacción y aumenta distancia.
- Beber agua “sin necesidad”: baja exigencia; quizá el entorno está siendo demasiado.
Yo repito mucho esto: las señales de calma son un “freno de mano” emocional. Si lo ignoramos, el perro buscará frenos más fuertes.
Movimientos lentos y acercarse en curva: mi herramienta para presentaciones seguras
Dos claves prácticas: movimientos lentos y acercarse curva. Entre perros, acercarse en curva es un saludo educado y no amenazante. Yo lo copio: camino describiendo una “C”, no voy de frente, y dejo que mi perro elija mirar y oler sin presión.
Confesión humana: a veces me acelero, y mi perro me lo canta con más señales de calma. Cuando lo veo, vuelvo a lo básico: rutina clara, pasos lentos y espacio.
Qué hago cuando las veo (regla “X → Y”)
- Si veo señales (bostezo, lamido, olisqueo) → aumento distancia 2–5 metros.
- Si mi perro se tensa → bajo exigencia: menos órdenes, más tiempo para oler.
- Si el otro perro se acerca → cambio mi postura: me pongo de lado y uso mi cuerpo como “pantalla” suave.
Escena práctica: perro suelto y el mío con correa
Veo un perro suelto venir directo. Mi perro lame la trufa y olisquea: señales de calma. Yo no espero al tirón: me muevo en acercarse curva (en realidad, me salgo en curva), pido a mi perro un “vamos” fácil y premio por seguirme. Si el suelto insiste, creo más distancia y busco una barrera (coche, árbol). Mi objetivo no es “aguantar”, es prevenir.
5) Señales de Tensión y Comunicación Tensión: cuando el ‘silencio’ pesa
En mi trabajo como entrenador, la comunicación tensión es la que más respeto me da, porque suele venir con poco ruido. A veces no hay ladrido ni gruñido: hay rigidez, pausa y un “silencio” que pesa. Mi objetivo no es “quitar” esas señales, sino escucharlas para prevenir que la situación escale.
Señales tensión perros que yo tomo en serio
Cuando veo señales tensión perros, pienso en “alerta temprana”. Las más claras suelen aparecer juntas:
- Rigidez del cuerpo (como si el perro se “congelara”).
- Mirada fija y sostenida hacia el otro perro, una persona o un objeto.
- Orejas en tensión (erguidas o muy adelantadas, “clavadas” en el estímulo).
Un punto clave: sostener la mirada prolongada genera tensión y puede desencadenar conflictos. Por eso, cuando mi perro fija la vista, yo no “espero a ver qué pasa”: intervengo con distancia y guía.
Postura amenazante vs postura insegura (sin dramatizar)
La postura amenazante suele verse “grande”: pecho hacia delante, peso cargado al frente, cuello alto, movimientos lentos y controlados. La postura insegura, en cambio, suele verse “pequeña”: peso hacia atrás, cuerpo encogido, cola baja, micro-movimientos y dudas.
Importante: ambas pueden terminar en conflicto si no se maneja el espacio. Yo no etiqueto al perro como “malo” o “dominante”; leo el mensaje: “no me siento cómodo”.
Cola baja, cola inmóvil o cola rápida tipo látigo
La cola no es “felicidad” por sí sola. En tensión puedo ver:
- Cola baja: suele indicar inseguridad o intento de evitar problemas.
- Cola inmóvil: señal de concentración y posible bloqueo.
- Cola rápida tipo látigo: activación alta; no siempre es juego, puede ser irritación.
Son señales distintas, pero el aviso es el mismo: necesito espacio.
Pelo erizado: qué significa y por qué no siempre termina en agresión
El pelo erizado (piloerección) es un marcador de emoción intensa: excitación, miedo, alerta. No es sinónimo de ataque, pero sí me dice que el sistema del perro está “encendido”. Si además hay mirada fija y orejas en tensión, aumento la distancia de inmediato.
“Saludando acecho”: la aproximación lenta que confunden con curiosidad
Veo mucho el “saludando acecho”: acercamiento lento, cuerpo rígido, cabeza baja, mirada fija. Muchos lo leen como curiosidad, pero suele ser una prueba de control. Yo prefiero cortar esa trayectoria antes de que el otro perro responda.
Mi protocolo: cortar el escenario (sin forzar socialización)
- Distancia: me alejo hasta que el perro pueda respirar y pensar.
- Curvas: evito el frente a frente; camino en arco.
- Barreras: uso coches, árboles o portales para romper la mirada fija.
- U-turn: giro de 180° y me voy sin discutir la situación.
- Premios: refuerzo “mirar y volver” (mira el estímulo y me mira a mí).
- Evito pasillos estrechos y encuentros obligados.
Jean Donaldson: “Si castigamos el aviso, nos quedamos sin aviso.”
Cuando yo me mantengo calmado y claro, el perro lo nota: mi seguridad se convierte en su seguridad.
6) Comunicación Olfativa: el ‘WhatsApp’ invisible entre perros
Si hay un canal que muchos humanos subestimamos del lenguaje canino, es la comunicación olfativa. Yo siempre digo que, mientras yo leo un titular para entender “qué pasó”, mi perro lee el suelo para entender quién estuvo ahí, cuándo, y con qué intención. Como escribió Alexandra Horowitz:
“Para un perro, el mundo es ante todo un paisaje de olores.”
Por qué tu perro “lee el suelo” (y no es pérdida de tiempo)
Los perros usan principalmente comunicación visual, auditiva y olfativa para interactuar con su entorno. Pero el olfato tiene una ventaja: deja mensajes que duran. Es como si el barrio estuviera lleno de notas de voz en el suelo que tu perro puede “reproducir” con la nariz.
Cuando olfatea, no solo busca “algo interesante”. Está recopilando datos: rutas, presencia de otros perros, cambios en el ambiente y señales de seguridad o alerta. Por eso, cortar el olfateo todo el tiempo suele aumentar tirones y frustración.
Marcaje perros: pipí estratégico y raspado
El marcaje perros no es “mala conducta” por defecto. Es una forma de comunicación indirecta. Un pipí pequeño en un punto clave puede decir mucho más que una micción larga. Además, el raspado con las patas no solo mueve tierra: también deja olor de las glándulas de las almohadillas y hace el mensaje más visible.
- Presencia: “Yo estuve aquí”.
- Estado e historia: información sobre edad aproximada, sexo, nivel de estrés y momento del día.
- Territorio social: “Esta zona es parte de mis rutas”.
Feromonas perros: señales químicas que calman, unen y organizan
Las feromonas perros son señales químicas que influyen en el comportamiento y el estado emocional. Las hay asociadas a calma (por ejemplo, las que emite una madre), a reconocimiento y a organización social. Este punto es clave: feromonas y olfato juegan un rol central en la comunicación indirecta entre perros. No siempre “se ven”, pero se sienten.
Olfateo como regulador emocional (aunque yo tenga prisa)
En paseo, el olfateo funciona como un “botón de pausa” del sistema nervioso. Si mi perro viene tenso, permitirle olfatear unos segundos puede bajar la intensidad y mejorar su autocontrol. En convivencia, esto se traduce en menos tirones y, en algunos casos, menos reactividad. No prometo milagros: funciona con consistencia, observación y buenos hábitos.
Ejemplo real: el paseo cambió cuando dejé de “avanzar”
Con un perro que entrené, el paseo era una lucha: yo tiraba para avanzar y él tiraba para volver a oler. Cambiamos el plan: añadí “minutos de olfato” al inicio y en puntos estratégicos. Resultado: caminó más suelto, me miró más y dejó de explotar al ver otros perros con tanta frecuencia.
Consejo práctico: juegos de olfato en casa
- “Busca” con premios: esconde 10 trocitos de comida en una habitación y deja que los encuentre.
- Toalla enrollada: mete premios en una toalla y haz un rollo para que lo desarme con la nariz.
- Caja de olfato: una caja con papel arrugado y premios dentro (supervisado).
Estos juegos bajan estrés y mejoran atención porque satisfacen una necesidad básica del perro: oler para entender el mundo.
7) Comunicación Táctil: el contacto que suma… y el que sobra
Cuando hablo de comunicación táctil, me refiero a todo lo que el perro “dice” con el cuerpo a través del contacto: empujones suaves, apoyos, juegos de boca, roces y también el “no me toques”. En comunicación humana perros, este canal suele ser el más malinterpretado, porque nosotros tocamos para demostrar cariño… y ellos a veces lo viven como presión. Por eso, siempre leo primero el lenguaje corporal antes de insistir con las manos.
Cómo se tocan entre perros (y por qué no todo es “dominancia”)
Entre perros, el contacto es parte del diálogo. En juego sano verás:
- Choques de hombro y empujones laterales: “te invito a seguir”.
- Apoyar el cuerpo o recostarse cerca: “confío, estoy cómodo”.
- Boca blanda y mordisqueo inhibido: “es juego, no pelea”.
Muchos interpretan cualquier empujón como “dominancia”. Yo lo miro con contexto: ¿hay turnos?, ¿pausas?, ¿señales de calma? Si un perro insiste, acorrala o el otro se queda rígido, ya no es juego: es presión.
Caricias humanas: dónde suelen gustar y dónde suelen tensar
En general, la mayoría tolera mejor caricias en pecho, costado y base del cuello (desde abajo o lateral). En cambio, suelen tensarse cuando:
- les tocan la cabeza desde arriba (mano “cayendo” como garra),
- les agarran las patas o la cola sin aviso,
- los acarician mientras comen o descansan profundo.
Ejemplo típico: niños y visitas. El perro se queda quieto, “se deja”… pero no disfruta. Quieto no siempre significa cómodo.
Abrazo humano vs abrazo canino: mi opinión impopular
No demonizo los mimos, los afino. Mi opinión: muchos perros no disfrutan el abrazo porque inmoviliza. Un abrazo humano se parece más a “sujetar” que a “acariciar”. ¿Qué hago en su lugar? Me agacho de lado, ofrezco el costado, caricia corta en pecho y retiro la mano. Si el perro vuelve, pido “otra”.
Señales de “para” durante el contacto
Si aparece cualquiera de estas señales, paro y doy espacio:
- Congelación (se queda duro de golpe).
- Lamerse la trufa o bostezar fuera de contexto.
- Apartar la mirada, girar la cabeza o alejarse.
Rutina clara: contacto predecible, perro más seguro
Una rutina clara baja el sobresalto: saludo tranquilo, caricias breves, descanso sin interrupciones y reglas iguales para todos (especialmente en sofá y con visitas). Cuando el contacto es predecible, el perro se relaja y mejora la convivencia.
Refuerzo Positivo: micro-ejercicio “permiso para tocar”
Victoria Stilwell: “El refuerzo positivo no solo enseña conductas: construye confianza.”
- Presento mi mano a un lado (no encima). Si se acerca, marco “bien”.
- Toco 1 segundo en pecho/costado y retiro.
- Si el perro se queda suelto o pide más, doy premio y repito.
- Si se tensa o se aparta, respeto el “no” y termino.
Este patrón simple convierte la caricia en elección, y eso fortalece la comunicación humana perros con refuerzo positivo.
8) Comunicación Humana Perros: hablar ‘perro’ sin disfrazarme de perro
Cuando trabajo comunicación humana perros, no busco que imites a un perro, sino que aprendas a ser más claro. Ellos leen primero el cuerpo, luego el tono y, al final, las palabras. Si yo digo “tranquilo” con voz tensa y hombros rígidos, mi perro cree a mi cuerpo, no a mi frase.
Ian Dunbar: “Entrenar es enseñar; y enseñar empieza por comunicarse de forma que el alumno pueda entender.”
Posturas no amenazantes: mi cuerpo baja el volumen
Una regla práctica: si quiero calma, mi postura debe parecer calma. Para no presionar:
- Giro el cuerpo ligeramente (no me planto de frente como “barrera”).
- Bajo el centro (flexiono rodillas o me agacho de lado), sin caer “encima/encima”.
- Dejo espacio: un paso atrás suele decir “no te invado”.
Esto es oro en paseos con perros reactivos, en visitas en casa y en el veterinario: mi postura puede ser un “todo bien” o un “prepárate”.
Evitar mirada fija: miro “de lado” sin perder control
La mirada fija puede sentirse como reto. Yo uso una “mirada blanda”: observo con visión periférica, parpadeo y miro a la altura del pecho o el hombro del perro. Si necesito control del entorno (por ejemplo, otro perro acercándose), miro el entorno, no clavo los ojos en mi perro. Así reduzco presión y mantengo seguridad.
Tono suave + pausas: pedir calma sin apagar la alegría
El tono suave no es susurrar; es hablar con ritmo lento y respiración suelta. Yo hago pausas cortas antes de repetir una señal. Esa pausa le da al perro tiempo para procesar y evita que yo “metrallee” palabras. En casa, para bajar excitación (visitas, timbre), uso frases cortas y consistentes: “a tu sitio”… pausa… y refuerzo.
Lenguaje gestual: menos palabras, más claridad
El lenguaje gestual funciona porque es visual y rápido. Elijo gestos simples y siempre iguales:
- Mano abierta hacia arriba = “ven”.
- Dedo o mano hacia el suelo = “sitio” o “abajo” (según lo que enseñe).
- Palma al frente = “espera”.
Si cambio el gesto cada día, creo confusión. Si soy consistente y uso refuerzo positivo (comida, juego, caricias si le gustan), el perro aprende con ganas.
Señales anticipación: las creo sin querer
Las señales anticipación son pistas que disparan emoción: coger la correa, llaves o zapatillas. Si mi perro se acelera, no “se porta mal”: está leyendo mi rutina. Yo lo gestiono así: repito esas señales sin salir (cojo llaves, las dejo), premio calma y luego sí salgo. Así rompo la asociación de “llaves = locura”.
Mi regla de oro (y mi error típico cuando tengo prisa)
Yo también me equivoco cuando tengo prisa: cambio tono, postura y distancia a la vez… y mi perro no sabe qué responder. Mi regla de oro es: si yo cambio una cosa, espero a que el perro me responda antes de cambiar otra. Herramientas, no culpas: ajusto mi comunicación y el perro puede entenderme.
9) Cierre: una conversación de cuatro canales (y un plan de 7 días)
Cuando hablo de comunicación canina, no me refiero a “entender ladridos” como si fueran frases sueltas. Me refiero a un idioma completo que tu perro usa a la vez: voz, lenguaje corporal, comunicación olfativa y tacto. Si solo miras un canal, te pierdes el mensaje. Si los integras, todo se vuelve más simple: tu perro no “obedece” o “desobedece”; negocia seguridad con señales. Y ahí es donde cambian tus resultados.
Mi metáfora final: tu perro negocia seguridad
Piensa en cada situación como una conversación. La comunicación vocal pone el volumen emocional: un ladrido agudo puede ser alerta o excitación; un gruñido suele ser límite; un gemido puede pedir distancia o apoyo. El lenguaje corporal pone la puntuación: cola rígida o suelta, orejas hacia atrás, mirada fija o suave, boca tensa o relajada, pelo erizado. La comunicación olfativa es el “contexto”: oler el suelo, marcar, leer feromonas y rastros le ayuda a decidir si el lugar es seguro. Y el tacto es el cierre: un contacto brusco puede subir tensión; una caricia lenta y breve, en el momento correcto, puede regular.
Temple Grandin: “La naturaleza humana es complicar; la del animal es ser directo. Ahí está la lección.”
Por eso insisto tanto en las señales de calma: girar la cabeza, lamerse la nariz, olfatear el suelo, parpadear lento, moverse en curva. No son “manías”; son frases completas que dicen: “quiero que esto sea tranquilo”.
Reto práctico: plan de 7 días (progreso, no perfección)
Hoy elijo una señal de calma y la observo una vez. Anoto el contexto: lugar, distancia, personas/perros, y qué hice yo.
Repito la observación y añado una pregunta: “¿Qué necesitaba mi perro en ese momento: más distancia, más tiempo, menos presión?”
Practico acercarme en curva (no de frente) en casa o en paseo. Si mi perro se relaja, premio con refuerzo positivo (comida o elogio suave).
Hago un “paseo de olfato” lento: dejo que huela más y camine menos. La comunicación olfativa baja revoluciones.
Sumo un minuto de silencio con tono suave: respiro, aflojo la correa, y digo una sola palabra tranquila (“bien”).
Creo una rutina clara: horarios simples de paseo, comida y descanso. La previsibilidad da seguridad y reduce tensión.
Reviso mis notas: identifico el patrón más común y elijo una mejora pequeña para la próxima semana (más distancia, menos prisa, mejores premios).
Despedida personal: cuando dejo de interpretar y empiezo a escuchar
Lo que más transforma la relación no es “tener control”, sino tener conversación. Cuando dejo de tomarme las señales como un reto y empiezo a verlas como información, mi perro se siente más seguro, yo me vuelvo más claro, y el aprendizaje fluye con refuerzo positivo. Ahí nace el vínculo: no de exigir, sino de escuchar con cuatro canales a la vez.
TL;DR: Los perros se comunican con voz, cuerpo, olor y contacto. Aprende señales de calma (bostezos, lamer trufa, olisquear), detecta señales de tensión (mirada fija, orejas en tensión, pelo erizado) y responde con tono suave, acercamiento en curva, rutina clara y refuerzo positivo.



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