Aún me acuerdo del primer paseo que hice con “Nora”, una mestiza lista y sensible: yo llevaba prisa, ella llevaba curiosidad… y la correa tensa fue el idioma oficial de la mañana. En diez minutos ya tenía el hombro duro, ella iba más excitada y, para rematar, elegí la acera con más ruido. Ese día entendí algo que repito en consulta: pasear perros no es “sacar a hacer pis”, es una actividad completa de exploración, seguridad y aprendizaje. En este artículo te cuento los 5 errores comunes que más veo al pasear perro (incluidos los míos), por qué son errores y cómo corregirlos con soluciones errores realistas, sin gritos y sin pelearte con la correa.
Mi brújula de paseo: seguridad, olfato y vínculo
Cuando hablo de pasear perros, no lo reduzco a “dar una vuelta para que haga sus cosas”. Para mí, pasear perro es una mezcla de ejercicio, exploración y socialización controlada. Si solo me enfoco en caminar rápido o en que vaya “perfecto” al lado, me pierdo lo más importante: el paseo es una herramienta diaria de seguridad, bienestar y vínculo.
Tres objetivos realistas: seguro, tranquilo y enriquecedor
Con los años, mi brújula se resume en tres metas simples (y muy prácticas) para evitar errores comunes:
- Seguro: distancia suficiente de lo que lo supera (perros, bicis, gente, petardos) y equipo adecuado.
- Tranquilo: ritmo que permita bajar pulsaciones; aquí el estrés ruido y las calles caóticas cuentan más de lo que parece.
- Enriquecedor: tiempo real para olfatear, observar y elegir. El olfato no es “capricho”: es regulación emocional.
La idea que cambia todo es esta: el paseo es por y para tu mascota (y tú acompañas). Yo no “saco” al perro; yo salgo con él. Y eso ajusta mis expectativas: no busco un “junto” perfecto todo el tiempo, busco un perro que se sienta capaz en el mundo.
Mini-test de 30 segundos antes de culpar al perro
Cuando algo va mal, hago un chequeo rápido. Si respondo “sí” a una o más, reviso el plan (no el carácter del perro):
- ¿Tira de la correa de forma constante?
- ¿Jadea de más sin calor ni ejercicio intenso?
- ¿Evita mirar el entorno o va “en piloto automático”?
Este mini-test me ha ahorrado muchos conflictos. Una vez, con un perro joven que entrenaba, insistí en una avenida “porque me quedaba de paso”. Volvimos a casa más tensos que al salir. No era desobediencia: era estrés ruido. Cambié a rutas tranquilas durante dos semanas y, sin “corregir” nada, los tirones bajaron.
Leer lenguaje corporal antes de que aparezcan los tirones
Ignorar el lenguaje corporal causa estrés innecesario durante paseos. Y además nos hace llegar tarde: el tirón suele ser el final de una cadena de señales. Yo observo cuatro “semáforos”:
- Orejas: muy hacia delante y rígidas (alerta), o pegadas (inseguridad).
- Cola: alta y tensa, o baja y metida; no es “feliz o triste”, es activación.
- Boca: comisuras tensas, lamidos rápidos, bostezo fuera de contexto.
- Mirada: fija, sin parpadear, o evita mirar; ambos pueden indicar incomodidad.
Turid Rugaas: “Las señales de calma son el idioma con el que el perro intenta mantener la paz”
También recuerdo algo clave: no permitir observar el entorno (tirar de él para “seguir”) impide que el perro reconozca amenazas y gane confianza. Si necesita mirar, olfatear o tomar distancia, yo lo facilito. Mi regla personal es simple: si vuelvo a casa más tenso que al salir, algo del plan falla… y casi nunca es “el perro es malo”.
Error #1 (muy típico): equipo adecuado… pero elegido al azar
Veo este error a diario: la persona compra equipo adecuado “en teoría” (un arnés, una correa, incluso un arnés anti-tirones), pero lo elige por precio, estética o recomendaciones genéricas. El resultado suele ser el mismo: incomodidad, falta de control y un perro que aprende peor. Como decía Sophia Yin:
“El entrenamiento no trata de forzar al animal a hacerlo bien; trata de prepararlo para que pueda hacerlo bien”
Señales claras de arnés inadecuado
- Roces en axilas, pecho o detrás de las patas delanteras.
- Tirones que empeoran: cuanto más “corriges”, más tira correa.
- Perro “apagado” (camina lento, evita moverse) o hiperexcitado (salta, muerde la correa).
- Postura rara: hombros “cerrados”, zancada corta o se rasca al volver.
Un arnés inadecuado puede limitar el movimiento del hombro o presionar la axila. Eso no solo molesta: también aumenta la frustración y, con ella, el tirar correa.
Collar vs arnés: cuándo recomiendo cada uno
Si mi prioridad es seguridad y reducir riesgo de lesiones cervicales, suelo preferir arnés. En perros que ya tiran correa o se asustan, un collar puede aumentar la presión en cuello y facilitar escapes si se echan hacia atrás.
- Arnés: para perros que tiran, jóvenes, miedosos, reactivos o en entornos con estímulos.
- Collar (plano, bien ajustado): para perros con paseo estable, sin tirones, y en zonas tranquilas. Nunca como “solución” al tirón.
La correa inadecuada (especialmente extensible) y por qué frena el aprendizaje
Lo digo sin rodeos: Correas extensibles son inadecuadas para perros que tiran de la correa. Mantienen tensión constante, premian el avance tirando y reducen tu capacidad de reacción. Además, aumentan riesgo de quemaduras, enredos y sustos (seguridad primero).
Checklist express: correa adecuada + ajuste del arnés anti-tirones
- Correa adecuada: 2–3 m, material cómodo (biothane o nylon suave), mosquetón seguro.
- Evita correas muy cortas para entrenar (aumentan tensión) y la extensible si tira correa.
- Ajuste: que quepan 2 dedos entre cinta y cuerpo, sin apretar.
- Axilas libres: la cinta no debe “comerse” la axila al caminar.
- Puntos de anclaje: frontal (pecho) puede ayudar a guiar; dorsal (lomo) suele dar más comodidad. En algunos casos uso doble anclaje.
Solución paso a paso: cambiar equipo sin “resetear” al perro
- Presentación: enseño el arnés y premio (snacks) por mirarlo/olerlo.
- Micro-ponérselo: meter cabeza 1 segundo, premio, quitar. Repetir.
- Movimiento en casa: caminar 1–2 minutos con el arnés, premiar calma.
- Salida corta: 5–10 minutos en zona fácil, reforzando cuando la correa va floja.
Importante: el equipo adecuado no educa solo; es un complemento del entrenamiento.
Mi metida de pata favorita (y lo que hago ahora)
Yo también caí: compré el arnés más caro sin probarlo en movimiento. En tienda parecía perfecto; caminando, rozaba axila y mi perro empezó a tirar más. Ahora siempre hago una “prueba dinámica”: 2 minutos andando, giros, y observo zancada, piel y tensión de la correa. Si algo cambia para peor, no es el arnés correcto, por muy “pro” que sea.
Error #2: pasear con la correa tensa (y creer que es “control”)
Veo este error a diario al pasear perros: la persona mantiene la correa tensa “por si acaso”, pensando que así tiene el control. Pero en la práctica suele pasar lo contrario. Como dice Patricia McConnell:
“La correa debería ser una línea de comunicación, no una cuerda de remolque”
Lo que siente tu perro con la correa tensa
Para muchos perros, una tensión constante en el cuello o el arnés es un mensaje de alerta. Esa presión continua se interpreta como “algo viene” o “prepárate”. Por eso, mantener correa tensa transmite estrés y provoca que el perro tire más. No es terquedad: es una respuesta emocional y física.
El círculo vicioso: tensión → estrés → tirar correa → más tensión
Cuando yo tiro correa (aunque sea un poco) para “corregir”, el perro suele acelerar, tensarse o fijarse más en el estímulo. Entonces yo aprieto más la mano… y entramos en un calvario para ambos: hombro rígido, muñeca dolorida, perro frustrado y paseo sin disfrute. Jalar la correa constantemente crea calvario para dueño y perro porque no enseña qué hacer, solo añade presión.
Microtécnica que enseño siempre: la “correa sonrisa”
Mi objetivo es una correa con una U suave, como una sonrisa. No hablo de caminar perfecto, hablo de comunicación. Prueba esto:
- Correa sonrisa: ajusta tu mano para que haya una U visible.
- Si se tensa, evita tirones bruscos. Respira y afloja tu mano.
- Cambio de dirección sin drama: gira 90–180° y camina 3–5 pasos, sin regañar.
- Cuando la correa vuelva a aflojarse, marca y premia.
Refuerzo positivo: premio cuando se afloja (no solo al caminar lado)
Muchos dueños solo premian si el perro logra caminar lado. Yo lo planteo distinto: marco (con “¡bien!” o clicker) y premio cada vez que la correa se afloja, aunque el perro vaya un poco delante. Eso crea un patrón claro: “correa floja = cosas buenas”. Con el tiempo, el perro elige esa opción.
En cruces y zonas con estímulos: distancia, giros y entorno
- Distancia: aléjate del estímulo antes de que explote la tensión.
- Giros: usa esquinas, coches o árboles como “pantallas” visuales.
- Parar como poste vs moverse: si tu perro se activa, a veces parar aumenta la frustración; prefiero moverme en curva y buscar espacio.
Un detalle humano: mi prisa viaja por la correa
Si salgo tarde, lo noto en mi mano… y mi perro también. La gestión de expectativas es parte de las soluciones errores: sal con 5 minutos extra, lleva premios listos y recuerda que el objetivo no es “control”, sino un paseo más seguro, con menos frustración y menos reactividad por tensión.
Error #3: no dar tiempo olfatear (cuando su nariz gobierna el mundo)
Uno de los errores comunes al pasear perros es tratar el paseo como si fuera solo “caminar y llegar”. Para tu perro, el paseo es su periódico: olfatear entorno le permite recopilar información (quién pasó, cuándo, cómo se sentía) y, además, le ayuda a bajar pulsaciones. Cuando no le doy tiempo olfatear, le estoy quitando su forma principal de explorar y regularse.
Stanley Coren: “Para un perro, oler es una forma de pensar”
Por qué es un error: su olfato sensible manda
Este dato lo repito mucho en clase: el olfato sensible del perro puede ser hasta 100.000 veces más potente que el nuestro. Así que, cuando yo tiro de la correa para “avanzar”, para él es como si le cerrara de golpe el acceso a la información del mundo. Impedir olfatear limita su exploración natural y puede aumentar frustración, estrés y reactividad.
Además, no es solo oler. No permitir observar entorno (pararse, mirar, procesar) impide que el perro reconozca posibles amenazas y gane confianza. Un perro que no puede “leer” el ambiente suele sentirse más inseguro.
Cómo se ve en la práctica
- Perro “aspiradora”: va pegado al suelo, acelerado, como si tuviera prisa por olerlo todo.
- Tirones hacia farolas, esquinas y arbustos: son “puntos de noticias”.
- Ansiedad cuando lo arrastro: se bloquea, se agita o empieza a tirar más.
Solución: “minutos de olfato” programados (sí, con reloj)
Mi estrategia favorita es alternar tramos de paseo funcional (caminar con más dirección) con tramos de exploración (correa más larga y permiso para olfatear). Yo literalmente lo programo: 2–3 paradas de olfato de 3–5 minutos en un paseo normal. Busco zonas seguras: césped, alcorques amplios, parques tranquilos o calles con poco tráfico.
| Momento | Qué hago | Objetivo |
|---|---|---|
| Inicio | 3 min de olfatear entorno | Bajar excitación |
| Mitad | Caminar + 1 parada de olfato | Equilibrio y foco |
| Final | 5 min de exploración libre | Terminar en calma |
Juegos simples de olfato durante el paseo
- Búsqueda de premios en césped: tiro 5–10 trocitos pequeños y digo
“busca”. Dejo que trabaje sin prisa. - “Encuentra” en una esquina: escondo un premio cerca de un bordillo o árbol y animo con
“encuentra”.
Mi truco si vas con prisa
Cambio 5 minutos de caminar “en modo humano” por 5 minutos de tiempo olfatear. La mayoría de perros vuelven más tranquilos, tiran menos y el paseo se siente más fácil. No es “malcriar”: es cubrir una necesidad etológica y hacer paseos variados que mejoran su bienestar y nuestro vínculo.
Error #4: ignorar clima entorno (y salir como si todos los días fueran iguales)
Como etólogo y entrenador, veo este error a menudo: salir a pasear “por rutina” sin leer el clima entorno ni el nivel de estímulos del barrio. El resultado suele ser un perro incómodo, estresado o incluso en riesgo físico. Y aquí aplica perfecto esta idea:
“La prevención es el mejor tratamiento; en mascotas, suele ser también el más amable” — Marty Becker
Horas calor: el suelo caliente también quema
En horas calor (sobre todo al mediodía), el asfalto y las baldosas pueden calentarse tanto que queman las almohadillas. Esto no es exageración: el perro no lleva “zapatos” y el daño puede aparecer en minutos.
Mi regla simple es la prueba de la mano: coloca el dorso de tu mano en el suelo durante 7 segundos. Si te molesta o no aguantas, tu perro tampoco debería caminar ahí. En esos días, priorizo sombra, césped y salidas más tempranas o más tarde.
Hidratación mascota en paseos largos: mi kit mínimo
En paseos largos, olvidar la hidratación mascota es un fallo común. La deshidratación llega antes de lo que parece, y el riesgo sube con calor, humedad y perros que jadean mucho.
- Agua (botella o cantimplora)
- Bebedero plegable
- Pausas cada 10–15 minutos en sombra (más frecuentes si hace calor)
Si el paseo es de exploración tranquila, ofrezco pequeños tragos; no espero a que el perro “pida”.
Riesgo extra en razas braquicéfalas: paseos cortos y frescos
En perros braquicéfalos (bulldog, pug, bóxer, etc.), el jadeo es menos eficiente para regular temperatura. Por eso, en calor o humedad, aumento la prudencia: paseos cortos y frescos, ritmo lento y muchas pausas. Señales de alarma: jadeo muy intenso, lengua muy roja o morada, tambaleo, vómitos o apatía. Ante duda, paro y busco un lugar fresco.
Ojo: usar paseos cortos en calor es una estrategia puntual, no una rutina permanente. Compenso con juegos de olfato y entrenamiento suave.
Gestión del entorno: estrés ruido y elección de rutas tranquilas
El paseo no es solo ejercicio: es calidad emocional. Obras, motos, petardos o calles estrechas pueden disparar estrés ruido y empeorar tirones, ladridos o reactividad. Cuando noto a mi perro sensible, elijo rutas tranquilas, horarios con menos tráfico y espacios abiertos donde pueda tomar distancia.
Plan B: paseo indoor cuando el clima entorno no acompaña
Si el clima entorno es extremo (calor fuerte, tormenta, viento intenso), hago un “paseo” en casa: búsqueda de premios, alfombra olfativa, “encuentra el juguete” o 5–10 minutos de obediencia amable. El olfato cansa más de lo que muchos creen.
Una tangente real: el día que subestimé el calor
Una vez salí confiado, sin agua, pensando que sería rápido. A los pocos minutos mi perro jadeaba más de lo normal y buscaba sombra. Volvimos y aprendí la lección: desde entonces, siempre llevo agua y ajusto el plan según las horas calor. Ese pequeño hábito cambió la seguridad y la calidad de nuestros paseos.
Error #5: paseo monótono: misma ruta, misma prisa, cero rutina paseo
Uno de los errores comunes al pasear perros es repetir siempre el mismo recorrido, al mismo ritmo y sin una rutina paseo mínimamente estable. Lo entiendo: “me queda cómodo”, “tengo prisa”, “así no me complico”. Pero para tu perro, esa combinación suele traducirse en poca estimulación mental y, a veces, más ansiedad.
Por qué no variar rutas aburre (aunque a ti te venga bien)
Los perros “leen” el mundo con la nariz. Si cada día ven y huelen lo mismo, el paseo se vuelve predecible y pobre. La evidencia práctica en conducta es clara: no variar rutas aburre al perro y reduce estimulación mental. ¿Qué pasa entonces? Muchos perros buscan estímulos por su cuenta: tiran, se aceleran o se desconectan.
Ian Dunbar: “Un perro cansado no es solo el que corrió; es el que también pudo usar su cerebro”
Rutina paseo vs rigidez: estabilidad que baja ansiedad
Otro punto clave: la falta de rutina (horarios totalmente impredecibles) puede generar ansiedad. No hablo de rigidez militar, sino de un patrón más o menos estable. Por ejemplo, una franja de mañana y otra de tarde con margen de 30–60 minutos. Esa previsibilidad hace que el perro confíe más y el paseo sea más amable.
Señales de “modo automático” y aburrimiento
- Olfato apagado: pasa de largo sin investigar.
- Tirones para “encontrar algo” interesante.
- Prisa constante o, al revés, caminar sin ganas.
- Más reactividad “de repente” en el mismo punto de siempre.
Solución simple: paseos variados con 3 rutas (A, B y C)
Para evitar este error, propongo un sistema fácil que funciona incluso con poco tiempo. Alterna paseos variados con intención:
- Ruta A (olfato): 20–40 minutos, ritmo lento, muchas paradas. Ideal para “cansancio mental”.
- Ruta B (entrenamiento): 15–30 minutos con 5–8 microejercicios (mirarme, suelta, junto 3 pasos, premio). Perfecta para mejorar el vínculo.
- Ruta C (descompresión): si puedes, zona tranquila o verde. Menos órdenes, más libertad con seguridad. Aquí encajan paseos largos cuando tu agenda lo permita.
Cómo introducir cambios sin saturar (especialmente en perros sensibles)
Variar rutas no significa lanzar al perro a un sitio lleno de estímulos. Si es sensible, cambia poco a poco:
- Un giro nuevo por semana en la ruta habitual.
- O 3 minutos extra en un parque distinto y te vuelves.
- Si ves estrés (jadeo tenso, cola baja, hipervigilancia), reduce novedad y vuelve a una zona segura.
Me gusta una hipótesis sencilla: si tú comieras siempre lo mismo, ¿también te pondrías nervioso al ver otra cosa? El equilibrio está en ofrecer novedad dosificada y una rutina paseo predecible. Ahí es donde el perro se regula… y el paseo mejora de verdad.
Mini-caso real (con nombres cambiados): del “tira y ladra” al “vamos juntos”
Escenario: energía alta + correa tensa + ruido
En consulta suelo ver casos como el de “Luna” (nombre cambiado), una perra joven, muy activa, que salía a pasear perros con su humano “Mario” por una avenida con motos, obras y muchos perros pasando cerca. El patrón era siempre el mismo: correa tensa desde el portal, tirones, ladridos y un humano cada vez más frustrado. Y esto es importante: no era un único fallo, sino varios errores comunes mezclados.
Qué errores comunes se estaban combinando (y por qué empeoran)
- Correa inadecuada: usaban una extensible. En perros que tiran, las correas extensibles son inadecuadas porque permiten practicar el tirón y dificultan dar señales claras.
- Cero tiempo olfatear: Mario iba “rápido” para que Luna se cansara. Pero impedir olfatear limita la exploración natural del perro y aumenta la tensión.
- Rutas poco amables: siempre la misma zona ruidosa. Con ese nivel de estímulo, la perra iba “pasada de vueltas” antes de poder aprender.
Además, un detalle clave: mantener la correa tensa transmite estrés y provoca que el perro tire más. Es un círculo: yo tiro, tú tiras, ambos subimos la intensidad.
Intervención 1: equipo y correa adecuada
La primera de las soluciones errores fue cambiar el material: arnés en “Y” (que no bloquee hombros) y correa fija de 2–3 metros. Retiramos la extensible. El objetivo no era “controlar más”, sino dar claridad y seguridad.
Intervención 2: protocolo de 10 días con refuerzo positivo
Aplicamos un plan breve, medible y realista, basado en refuerzo positivo. Como decía Karen Pryor:
“Reforzar lo que te gusta es la manera más rápida de verlo repetirse”
| Día | Objetivo | Qué registrar |
|---|---|---|
| 1–3 | Reducir tensión | Nº de tirones fuertes |
| 4–7 | Aumentar atención | Miradas espontáneas |
| 8–10 | Consolidar rutina | Minutos de paseo “suave” |
- Premiar calma: cada vez que la correa quedaba floja, premio pequeño.
- Pausas de olfato: añadimos tiempo olfatear planificado (2–3 paradas por tramo).
- Si tira: me paro, respiro, espero un segundo de flojo y continúo. Sin tirones de vuelta.
Intervención 3: entorno, horarios e hidratación
Ajustamos la rutina paseo: salidas más tempranas, calles paralelas menos ruidosas y “micro-paseos” de calidad. En días de calor o paseos largos, añadimos agua y pausas de sombra (la hidratación también reduce irritabilidad).
Resultado esperado (sin milagros)
En 10 días, lo esperable es progreso medible: menos tirones intensos, más atención espontánea y paseos más seguros. Luna no “se curó” de la noche a la mañana, pero pasó del “tira y ladra” al “vamos juntos” en tramos cada vez más largos, gracias a cambios simples y consistentes.
Wild card: mi “semáforo del paseo” (una regla simple que sí se cumple)
Cuando hablo de errores comunes al pasear perros, casi siempre aparece el mismo: ir “en automático” e ignorar el lenguaje corporal. Eso genera estrés innecesario y, con el tiempo, paseos peores. Para evitarlo, uso una herramienta mental muy simple: mi semáforo del paseo. Me ayuda a tomar decisiones en tiempo real según el perro, el clima entorno y el nivel de estrés ruido del lugar.
Verde: “todo bien, aquí se aprende”
Estoy en verde cuando veo señales claras de bienestar:
- Olfatea con calma y cambia de ritmo sin tensión.
- Cuerpo suelto (lomo blando, cola natural, mirada suave).
- La correa va floja (yo lo llamo “correa sonrisa”).
Qué hago: mantengo la situación y refuerzo. Dejo que olfatee, premio check-ins (cuando me mira por iniciativa) y, si quiero practicar caminar “al lado”, lo hago en tramos cortos. En verde, el perro está disponible para aprender.
Amarillo: “ojo, ajusta antes de que explote”
Estoy en amarillo cuando aparecen señales tempranas de tensión:
- Se acelera o se queda “demasiado fijo” mirando algo.
- Aparece la correa tensa (aunque sea leve).
- Orejas rígidas, boca cerrada, respiración más rápida.
Qué hago: aumento distancia y bajo exigencia. En vez de pedir “junto”, elijo rutas tranquilas o me abro hacia un lateral, hago un giro suave y propongo olfato (“vamos a buscar un árbol”). Mi objetivo es volver a verde antes de que el perro se sienta atrapado.
Rojo: “seguridad primero, sal del estímulo”
Estoy en rojo cuando el perro ya no puede gestionar:
- Se bloquea, ladra, tira con fuerza o intenta huir.
- No acepta comida o no responde a señales simples.
Qué hago: salgo del estímulo. Me alejo sin regañar, busco una esquina, un portal o una calle menos ruidosa. Si el entorno está imposible (obras, petardos, tráfico), cambio el plan: rutas tranquilas o incluso vuelvo a casa y cierro con un éxito pequeño (dos olfateos calmados, un “mírame”, un premio). El estrés por ruido reduce la calidad del paseo; insistir aquí es uno de los errores comunes más caros.
Cómo decido: ¿caminar “al lado” o mejor tiempo de olfateo?
Regla práctica: verde = puedo pedir un poco de “junto”; amarillo = priorizo olfato y distancia; rojo = priorizo salida y calma. Así dejo de pelearme con la correa y empiezo a leer lenguaje corporal.
Lo que anoto en el móvil al volver (30 segundos)
- Clima entorno: calor, viento, lluvia, humedad.
- Duración real del paseo y momentos de pausa.
- Puntos de estrés ruido (camión, niños, motos, perros sueltos).
- Hidratación de la mascota (si bebió, si jadeó mucho).
“La naturaleza es cruel, pero nosotros no tenemos por qué serlo con los animales” — Temple Grandin
Este semáforo mejora el vínculo porque el perro aprende algo clave: yo tomo buenas decisiones por los dos. Y cuando el perro confía en tu criterio, la correa tensa aparece menos, el paseo se vuelve más seguro y ambos disfrutáis más.
Cierre: mi lista corta para paseos seguros (y un vínculo que se nota)
Si tuviera que resumir todo lo anterior en una idea, sería esta: pasear perros no va de “controlar”, va de acompañar. Cuando busco paseos seguros y agradables, vuelvo a mi lista corta para evitar errores y aplicar soluciones errores simples, repetibles y amables.
Los 5 errores comunes y su antídoto práctico
El primer error es salir con equipo inadecuado (correas extensibles en zonas con estímulos, arneses que rozan, collar mal ajustado). El antídoto es claro: equipo cómodo, resistente y acorde al perro; eso reduce tirones, escapes y sustos, y es la base de la educación canina en la calle.
El segundo error es convertir el paseo en una carrera: paseos muy cortos o sin tiempo para explorar. Muchos perros vuelven a casa con el cuerpo cansado, pero con la mente “encendida”. La solución es añadir minutos de olfato y elección: el olfato baja la activación y mejora la conducta perros sin pelear.
El tercer error es la falta de rutina. Horarios impredecibles y salidas caóticas pueden generar ansiedad anticipatoria: el perro no sabe cuándo tocará y se acelera. El antídoto es una rutina flexible pero predecible (ventanas horarias similares) y un inicio calmado: arnés, premio, puerta, y recién ahí calle.
El cuarto error es pedir “modales” cuando el perro está pasado de emoción o miedo. Si la emoción está alta, la obediencia se cae. Aquí aplico una regla: primero distancia y calma, luego señales simples. Como dice James O’Heare:
“Cambiar la emoción cambia la conducta; el paseo es el mejor laboratorio para hacerlo”
El quinto error es corregir demasiado y reforzar poco. Si solo marco lo que está mal, el paseo se vuelve tenso. La solución es premiar lo que sí quiero: mirar, aflojar correa, seguirme, o elegir alejarse de un estímulo.
Mis prioridades: seguridad, emoción y después “modales”
En este orden: seguridad (equipo y manejo), emoción (olfato, entorno, distancia), y recién después modales. Así las soluciones paseos funcionan porque el perro puede aprender.
Cómo medir progreso sin obsesionarte
Yo mido avances con señales simples: menos correa tensa, más pausas espontáneas para oler sin tironear, y mejor recuperación después de un susto (vuelve a comer premios, a mirar, a caminar). Eso es progreso real.
Cuándo pedir ayuda profesional
Si hay reactividad intensa, miedo que bloquea, agresión, o ansiedad marcada (jadeo constante, hipervigilancia, intentos de escape), recomiendo trabajar con un etólogo o entrenador en positivo. No es “fallar”: es cuidar.
Y me despido con mi frase favorita: si hoy el paseo fue un 10% mejor, ya ganaste. Porque pasear perro no es un examen diario; es una conversación que mejora con práctica.
TL;DR: Si al pasear perros sientes que vas “luchando”, revisa esto: equipo adecuado (evita arnés inadecuado/correas extensibles si hay tirones), suelta la correa tensa, regala tiempo olfatear, cuida clima entorno e hidratación mascota, y alterna rutina paseo con paseos variados y variar rutas. Resultado: menos estrés, más control y un vínculo que se nota en la calle.


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